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Archive for the ‘Sra. Reynolds’ Category

En la semana del 13 al 19 de mayo, en JAcastellano, leímos el capítulo 44 de Orgullo y prejuicio para extraer citas epigramáticas, lo cual resultó extremadamente difícil, pues si bien se trata de otro de los capítulos emocionantes de la novela y con mucha información, realmente hay poco que destacar en cuanto a epigramas.

Los excursionistas reciben inesperadamente a unos visitantes en la posada de Lambton, que probablemente da mucho de que hablar a los habitantes de la localidad (aunque Jane Austen nunca nos revela ese ángulo), y que despierta las sospechas de los Sres. Gardiner respecto a tanta amabilidad hacia ellos por parte del propietario de Pemberley. Eso mismo les produce el deseo de formar una buena opinión respecto a él y por lo tanto sopesar más atentamente la opinión que ofreció el ama de llaves, después de todo:

The authority of a servant who had known him since he was four years old, and whose own manners indicated respectability, was not to be hastily rejected.

El testimonio de una sirvienta que le conocía desde los cuatro años, y cuyo propio modo des er indicaba respetabilidad, no era para ser rechazado de buenas a primeras. [trad. José de Urríes y Azara]

No era de desdeñar fácilmente la autoridad de una servidora que lo había tratado desde que tenía cuatro años y que además parecía ser persona respetable. [trad. Amando Lázaro Ros]

El testimonio de una criada que lo conocía desde los cuatro años, y que parecía una persona respetable, no se podía rechazar a la ligera. [trad. José Luis López Muñoz]

El testimonio de una criada que le conocía desde los cuatro años y que parecía tan respetable, no podía ser puesto en tela de juicio. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

No se debía desdeñar precipitadamente la autoridad de una criada que lo conocía desde que tenía cuatro años, y cuyos modales indicaban que ella misma era persona respetable. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

El testimonio de una sirvienta que lo conocía desde los cuatro años, y cuyo propio modo de ser indicaba respetabilidad, no debía ser rechazado de buenas a primeras. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Las palabras de una criada tan respetable, y que lo conocía desde los cuatro años, no podía rechazarse alegremente. [trad. Marta Salís Canosa] (“hastily” definitivamente NO significa “alegremente”)

La autoridad de un criado que lo había conocido desde que tenía cuatro años, y cuyo aspecto indicaba absoluta respetabilidad, no podía desestimarse en absoluto. [trad. José C. Vales]

Ésa es realmente la única cita que muy levemente se acerca a ser un epigrama.

No obstante, no podemos evitar destacar otras citas que arrojan luz respecto a lo que está sucediendo.

Por ejemplo, de las sospechas y conclusiones que comienzan a sacar los tíos Gardiner al observar las interacciones, se nos dice:

The suspicions which had just arisen of Mr. Darcy and their niece directed their observation towards each with an earnest though guarded inquiry; and they soon drew from those inquiries the full conviction that one of them at least knew what it was to love. Of the lady’s sensations they remained a little in doubt; but that the gentleman was overflowing with admiration was evident enough.

Las sospechas que acababan de concebir sobre Darcy y su sobrina les forzaron a dirigir su observación hacia ambos con detención y cautela; y pronto surgió de éste la absoluta convicción de que uno de ellos, al menos, estaba enamorado. De los sentimientos de aquella quedaron algo en duda; pero que el caballero rebosaba admiración era patente. [trad. José de Urríes y Azara]

Las sospechas que acababan de despertarse en ellos respecto a las relaciones entre el señor Darcy y su sobrina hicieron que sus observaciones se concentrasen en ambos, examinándolos con reserva pero con el mayor interés. Pronto llegaron a convencerse plenamente, por lo que veían, de que uno al menos de los dos sabía lo que era amor. Les quedó una pequeña duda sobre los verdaderos sentimientos de la joven, pero era evidente que el galán rebosaba de admiración. [trad. Amando Lázaro Ros]

Las sospechas que acababan de concebir acerca del señor Darcy y de Elizabeth hicieron que sus observaciones se centraran en ellos, aunque con un interés tan sincero como discreto; pronto llegaron al convencimiento de que al menos uno de los dos sabía lo que era amar. Sobre los sentimientos de la dama no sacaron una conclusión decidida, pero resultaba evidente que el caballero era incapaz de ocultar su interés. [trad. José Luis López Muñoz] (“interés” es apenas un hiperónimo, queda muy debajo de “admiración”)

Las sospechas que acababan de concebir sobre Darcy y su sobrina les llevaron a concentrar su atención en ellos examinándolos detenidamente, aunque con disimulo, y muy pronto se dieron cuenta de que al menos uno de ellos estaba muy enamorado. Los sentimientos de Elizabeth eran algo dudosos, pero era evidente que Darcy rebosaba admiración a todas luces. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Las sospechas que se les acababan de despertar acerca del señor Darcy y su sobrina les llevaron a observarlos con atención, aunque con disimulo, y sus pesquisas los convencieron plenamente, al poco rato, de que al menos uno de ellos sabía lo que era amar. Quedaron un poco dudosos de los sentimientos de la dama; pero era evidente que el caballero rebosaba admiración. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Las sospechas que acababan de concebir sobre Darcy y su sobrina los forzaron a dirigir su atención, y pronto tuvieron la certeza absoluta de que uno de ellos dos, al menos, estaba enamorado. De los sentimientos de Lizzy dudaron un poco, pero la admiración del caballero era patente. [trad. Ana Ma. Rodríguez] (Omite indicar hacia quién dirigieron la atención, omite “señor” para referirse a Darcy y explicita que se trata de Lizzy cuando en el original habla de “la dama”)

La sospecha que acababa de asaltarles sobre el señor Darcy y Elizabeth les animó a centrar su atención en ellos, aunque lo hicieran con tanta vehemencia como discreción; y no tardaron en convencerse de que al menos uno de los dos sabía lo que era amar. Sobre los sentimientos de la dama siguieron albergando dudas; pero era evidente que el caballero no cabía en sí de admiración. [trad. Marta Salís Canosa]

Las sospechas que acababan de intuir respecto al señor Darcy y su sobrina les indicaron que debían dirigir su atención hacia ellos para estudiar su conducta con gran detenimiento, aunque discretamente No tardaron, tras sus perspicaces pesquisas, en llegar a la convicción de que uno de ellos al menos sabía lo que era estar enamorado. De los sentimientos de la señorita tenían alguna duda; pero que el caballero se desvivía en adoración amorosa… eso era del todo evidente. [trad. José C. Vales]

It was evident that she was much better acquainted with Mr. Darcy than they had before any idea of; it was evident that he was very much in love with her. They saw much to interest, but nothing to justify inquiry.

Era evidente que estaba mucho mejor relacionada con Darcy de lo que ellos creían antes; éralo que él se hallaba muy enamorado de ella. Habían visto mucho para interesarse en el asunto, pero nada que justificase la averiguación. [trad. José de Urríes y Azara]

Estaba claro que las relaciones de Elizabeth y el señor Darcy eran mucho más estrechas de lo que ellos habían supuesto al principio; estaba bien claro que este último se hallaba enamoradísimo de su sobrina, Mucho de lo que habían visto despertaba su curiosidad, pero nada justificaba un interrogatorio de su sobrina. [trad. Amando Lázaro Ros]

Era evidente que Elizabeth conocía al señor Darcy mejor de lo que ellos creían; y también era evidente que él estaba muy enamorado de ella. Habían visto muchas cosas que les interesaban, pero ninguna que justificara una investigación. [trad. José Luis López Muñoz] (“Investigación” tiene una connotación de algo científico o policiaco que no parece adecuada al caso)

Era evidente que sus relaciones con Darcy eran mucho más serias de lo que ellos habían creído, y estaba más claro que el agua que él estaba enamoradísimo de ella. Habían visto muchas cosas que les interesaban, pero no justificaban su indagación. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Era evidente que Elizabeth conocía al señor Darcy mucho mejor de lo que ellos se habían figurado; era evidente que él estaba muy enamorado de ella. Habían visto muchas cosas interesantes, pero ninguna que justificase un interrogatorio. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Era evidente que estaba mucho mejor relacionada con Darcy de lo que ellos habían creído, así como que él estaba muy enamorado de ella. Habían visto muchos detalles que despertaron su interés, pero nada que justificase hacer ninguna pregunta indiscreta. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Era evidente que su sobrina conocía al señor Darcy mucho más de lo que ellos pensaban; era evidente que él estaba muy enamorado de ella. Había muchas cosas que les interesaban, pero nada que justificara su indiscreción. [trad. Marta Salís Canosa] (“inquiry” no es “indiscreción”)

Era evidente que tenía mucha más relación con el señor Darcy de lo que ellos habían imaginado; era evidente que él estaba absolutamente enamorado de ella. Todo aquello les resultaba interesantísimo, pero nada justificaba que fueran indiscretos preguntando lo que no debían. [trad. José C. Vales]

En tanto que respecto los sentimientos de la protagonista respecto a su admirador, podemos destacar dos fragmentos de texto:

As for Elizabeth, her thoughts were at Pemberley this evening more than the last; and the evening, though as it passed it seemed long, was not long enough to determine her feelings towards one in that mansion; and she lay awake two whole hours endeavouring to make them out. She certainly did not hate him. No; hatred had vanished long ago, and she had almost as long been ashamed of ever feeling a dislike against him, that could be so called. The respect created by the conviction of his valuable qualities, though at first unwillingly admitted, had for some time ceased to be repugnant to her feeling; and it was now heightened into somewhat of a friendlier nature, by the testimony so highly in his favour, and bringing forward his disposition in so amiable a light, which yesterday had produced. But above all, above respect and esteem, there was a motive within her of goodwill which could not be overlooked. It was gratitude; gratitude, not merely for having once loved her, but for loving her still well enough to forgive all the petulance and acrimony of her manner in rejecting him, and all the unjust accusations accompanying her rejection.

En cuanto a Elizabeth, sus pensamiento estuvieron en Pemberley esta noche más aún que la pasada; y aunque mientras transcurría le pareció larga, no lo fue lo bastante para interpretar sus sentimientos hacia *uno* de los habitantes de aquella mansión; y permaneció echada, pero despierta, dos horas enteras tratando de concretarlos. Cierto que no le odiaba. No, el odio se había desvanecido hacía mucho tiempo, y casi durante todo él se había avergonzado de haber experimentado contra esa persona disgusto alguno que pudiera recibir dicho nombre. El respeto, debido a la convicción en sus valiosas cualidades, aunque admitido al comienzo contra su voluntad, hacía no poco que cesara de repugnar a sus sentimientos, subiendo de punto, hasta llegar a tornarse amistoso, con un testimonio tan alto en su favor como el que oyera, y con las amigables disposiciones que había dado a conocer el día anterior. Pero sobre todo eso, sobre el respeto y la estimación, había en ella otro motivo de benevolencia que no podía pasarse por alto. Era la gratitud; gratitud no solo por haberla amado, sino por amarla todavía lo bastante para olvidar la petulancia y acrimonia de su manera de rechazarle y las injustas acusaciones que acompañaron esa repulsa. [trad. José de Urríes y Azara]

Más aún que la tarde anterior, los pensamientos de Elizabeth iban hacia Pemberley; pero la velada, que ya de por sí le pareció larga, no fue lo suficientemente para que se percatase con claridad de cuáles eran los sentimientos que le inspiraba cierta persona que vivía en el palacio de Pemberley. Dos horas permaneció despierta aquella noche, esforzándose por descifrarlos. Desde luego, ya no lo odiaba. No; hacía tiempo que había desaparecido su rencor, casi tanto como el que venía avergonzándose de haber sido capaz de experimentar hacia Darcy un sentimiento que mereciese aquel nombre. El respeto que se había despertado en ella, al convencerse de sus apreciables cualidades, se fue filtrando al principio a despecho de ella misma, pero acabó por chocar con su anterior disposición de ánimo; los testimonios que ahora le eran tan altamente favorables, le intensificaron el respeto hasta convertirlo en algo parecido a simpatía, y acabaron por presentar la personalidad de Darcy en una luz más favorable como la del día anterior. Por encima de todo, por encima del respeto y del aprecio, sentía Elizabeth un motivo que disponía su voluntad en favor de Darcy, motivo al que ella concedía mucha trascendencia. Era la gratitud. Le estaba agradecida no solamente por haberse enamorado de ella, sino también por seguir queriéndola lo suficiente para perdonar toda petulancia y la actitud con la que ella lo había rechazado, y todas las acusaciones injustas con que había acompañado este rechazo. [trad. Amando Lázaro Ros]

En cuanto a Elizabeth sus pensamientos se volvieron aún más que el día anterior hacia Pemberley; y aunque la tarde se hizo larga, no duró lo suficiente para precisar sus sentimientos acerca de *uno* de los habitantes de aquella mansión; Elizabeth pasó dos horas despierta en la cama tratando de aclararlos. Era evidente que no lo detestaba. No; el aborrecimiento se había desvanecido tiempo atrás, y casi desde entonces se avergonzaba de haberlo mirado alguna vez con algo que mereciera el nombre de desagrado. El respeto surgido de saberlo en posesión de muchas cualidades, aunque al principio admitido a regañadientes, había dejado, desde hacía algún tiempo, de ir en contra de sus sentimientos; y ahora aquel respeto, gracias al testimonio, tan extraordinariamente favorable, que había producido el día anterior, y que arrojaba una luz tan favorecedora sobre su personalidad, se estaba convirtiendo en algo de naturaleza más amistosa. Pero, sobre todo, por encima del respeto y de la estima, existía, para la buena disposición actual de Elizabeth, un motivo más que no se podía pasar por alto. Y era la gratitud. Gratitud no sólo por haberla amado antes, sino por quererla lo bastante como para perdonar el malhumor y la acritud en su manera de rechazarlo, junto con todas las injustas acusaciones que habían acompañado aquel rechazo. [trad. José Luis López Muñoz]

Elizabeth pensó aquella noche en Pemberley más aún que la anterior. Le pareció larguísima, pero no lo bastante para determinar sus sentimientos hacia uno de los habitantes de la mansión. Después de acostarse estuvo despierta durante dos horas intentando descifrarlos. No le odiaba, eso no; el odio se había desvanecido hacía mucho, y durante casi todo ese tiempo se había avergonzado de haber sentido contra aquella persona un desagrado que pudiera recibir ese nombre. El respeto debido a sus valiosas cualidades, aunque admitido al principio contra su voluntad, había contribuido a que cesara la hostilidad de sus sentimientos y éstos habían evolucionado hasta convertirse en afectuosos ante el importante testimonio en su favor que había oído y ante la buena disposición que él mismo –– había mostrado el día anterior. Pero por encima de todo eso, por encima del respeto y la estima, sentía Elizabeth otro impulso de benevolencia hacia Darcy que no podía pasarse por alto. Era gratitud; gratitud no sólo por haberla amado, sino por amarla todavía lo bastante para olvidar toda la petulancia y mordacidad de su rechazo y todas las injustas acusaciones que lo acompañaron. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

En cuanto a Elizabeth, aquella tarde sus pensamientos estuvieron en Pemberley más que en la pasada; y aunque la velada se le hizo larga, no le resultó lo bastante larga como para determinar sus sentimientos hacia *uno* de los habitantes de dicha casa. No lo odiaba, desde luego. No; el odio se había disipado hacía mucho tiempo, y casi hacía el mismo tiempo que Elizabeth se sentía avergonzada de haber sentido hacia él una antipatía que mereciera el nombre de tal. Aunque al principio había reconocido a disgusto el respeto que le producía el conocer con seguridad sus valiosas prendas, ya hacía algún tiempo que había de dejado de repugnarle sentir tal respeto, que ahora se potenciaba para convertirse en algo de naturaleza más amistosa, en virtud de tantos testimonios a su favor y de tantas muestras de su buena disposición como había tenido el día anterior. Pero por encima de todo, por encima del respeto y la estimación, tenía dentro un motivo que no podía pasar por alto para tenerle buena voluntad. Era la gratitud; gratitud, no sólo por haberla querido, sino por seguir queriéndola lo suficiente para perdonarle toda la petulancia y la acritud con que ella lo había rechazado, así como todas las acusaciones injustas que habían acompañado a su rechazo. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

En cuanto a Lizzy, esa noche sus pensamientos estuvieron en Pemberley más aún que la anterior, y aunque mientras transcurría le pareció larga, no lo fue bastante para interpretar sus sentimientos hacia uno de los moradores de aquella mansión, y permaneció echada, pero despierta, dos horas enteras tratando de concretarlos. No podía decir que lo odiara. No, el odio se había desvanecido hacía mucho tiempo, y ahora se avergonzaba casi de haber experimentado hacia esa persona un sentimiento que pudiera calificarse de antipatía. El respeto debido a la convicción en sus valiosas cualidades, aunque admitido al comienzo contra su voluntad, se había tornado respeto y aprecio, pero sobre todo, gratitud; gratitud no sólo por haberla amado, sino por amarla todavía lo bastante para olvidar el modo en que lo había rechazado y las injustas acusaciones que acompañaron a su repulsa. [trad. Ana Ma. Rodríguez] (Cambia el nombre por su forma afectiva; el “almost” no se refiere a casi avergonzarse, sino que casi al tiempo, casi desde ese mucho tiempo, que omite en la traducción. También hay otra gran omisión, luego de que la admisión que el respeto lo concedió inicialmente contra su voluntad, no tradujo todo lo siguiente: it was now heightened into somewhat of a friendlier nature, by the testimony so highly in his favour, and bringing forward his disposition in so amiable a light, which yesterday had produced”)

Los pensamientos de Elizabeth por su parte, pasaron más tiempo en Pemberley que la noche anterior; y, aunque la velada transcurrió lentamente, no duró lo suficiente para que lograra decidir cuáles eran sus sentimientos por *uno* de los moradores de aquella mansión; y pasó dos horas sin conciliar el sueño tratando de averiguarlo. Era indudable que no lo odiaba. No; el odio se había desvanecido hacía tiempo, y casi desde entonces se avergonzaba de haber sentido algo parecido a la animadversión. El respeto que le inspiraba el convencimiento de que era un hombre lleno de cualidades, aunque al principio le costara reconocerlo, había dejado de contrariarla; y se estaba convirtiendo en algo de naturaleza más amistosa gracias al testimonio tan elocuente en su favor que había escuchado el día anterior, y que daba una imagen admirable de su carácter. Pero sobre todo, por encima del respeto y de la estima, había algo en su interior que no podía pasar por alto. Y era la gratitud. Gratitud no sólo por haberla amado en el pasado, sino por quererla aún lo suficiente para perdonar la irritabilidad y la acritud con que lo había rechazado, así como todas las acusaciones injustas que habían acompañado a su negativa. [trad. Marta Salís Canosa]. (“petulance” no significa “irritabilidad”)

Respecto a Elizabeth, pensó en Pemberley aquella noche más que la noche anterior; y la noche, mientras transcurría, aunque le pareció larguísima, no fue lo suficientemente larga como para aclarar sus sentimientos hacia *una persona concreta* de aquella mansión, y permaneció despierta dos horas, intentando decidirlo. Desde luego, no lo odiaba. No. El odio se había desvanecido hacía mucho tiempo y durante todo ese tiempo casi se había avergonzado de tener un sentimiento de rechazo hacia él que mereciera ese nombre. El respeto nacido de la convicción de sus verdaderas cualidades, aunque admitidas al principio a regañadientes, habían dejado de ser al final repugnantes a sus sentimientos; y ahora había adquirido una especie de naturaleza amistosa, gracias a los testimonios que había oído en su favor y el comportamiento tan agradable que él mismo había tenido el día anterior. Pero sobre todo, por encima del respeto y el aprecio, había en su interior una predisposición hacia él que no podía pasar por alto. Era gratitud. Gratitud no solamente por haberla amado, sino por amarla lo suficiente todavía como para olvidar la petulancia y la acritud con la que lo había rechazado, y todas las injustas acusaciones que habían acompañado a aquella negativa. [trad. José C. Vales]

Such a change in a man of so much pride exciting not only astonishment but gratitude–for to love, ardent love, it must be attributed; and as such its impression on her was of a sort to be encouraged, as by no means unpleasing, though it could not be exactly defined. She respected, she esteemed, she was grateful to him, she felt a real interest in his welfare; and she only wanted to know how far she wished that welfare to depend upon herself, and how far it would be for the happiness of both that she should employ the power, which her fancy told her she still possessed, of bringing on her the renewal of his addresses.

Semejante cambio en un hombre de tanto orgullo no sólo excitaba asombro, sino gratitud, pues al amor, un amor ardiente había que atribuirlo. Por eso la impresión que le producía era para alentarla; y muy opuesta al desagrado, aunque no se pudiera definir con exactitud. Le respetaba, le estimaba, le estaba agradecida, sentía vivo interés por su felicidad, y sólo le faltaba saber hasta qué punto deseaba que esa felicidad dependiera de ella y hasta cuál redundaría en dicha de ambos que emplease el poder, que su imaginación le presentaba aún como suyo, de arrastrarle a renovar su proposición. [trad. José de Urríes y Azara]

Cambio semejante en un hombre que antes era tan orgulloso, despertó en Elizabeth no solamente el asombro sino la gratitud, porque sólo podía atribuirse al amor, a un amor ardiente. Esta impresión no tenía ella por qué reprimirla, no le producía molestia alguna aunque no acertaba a definir su verdadera naturaleza. Sentía por Darcy respeto, aprecio, gratitud y se interesaba muy de veras por su felicidad. Lo que Elizabeth no hubiera sabido decir era hasta qué punto deseaba que esa felicidad fuese obra de ella misma y hasta qué extremo debía ella llegar para conseguir la felicidad de los dos, en el empleo de la influencia que se imaginaba tener todavía para conseguir que él reanudase sus relaciones amorosas. [trad. Amando Lázaro Ros]

Semejante cambio en un hombre de tanto orgullo despertaba, además de asombro, gratitud, porque sólo podía atribuirse al amor, y a un amor ardiente; y, como tal, causaba en Elizabeth una impresión que nada tenía de desagradable, aunque no claramente definida, que merecía la pena fomentar. Elizabeth sentía respeto, estima, le estaba agradecida y sentía verdadero interés por su bienestar; y ahora sólo le quedaba averiguar hasta qué punto deseaba que aquel bienestar dependiera de ella, y hasta qué punto debería emplear, para la felicidad de ambos, la capacidad, que su intuición le decía que aún poseía, de provocar una nueva declaración. [trad. José Luis López Muñoz]

Semejante cambio en un hombre tan orgulloso no sólo tenía que inspirar asombro, sino también gratitud, pues había que atribuirlo al amor, a un amor apasionado. Pero, aunque esta impresión era alentadora y muy contraria al desagrado, no podía definirla con exactitud. Le respetaba, le estimaba, le estaba agradecida, y deseaba vivamente que fuese feliz. No necesitaba más que saber hasta qué punto deseaba que aquella felicidad dependiera de ella, y hasta qué punto redundaría en la felicidad de ambos que emplease el poder que imaginaba poseer aún de inducirle a renovar su proposición. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Un cambio tal en un hombre de tanto orgullo no sólo despertaba asombro sino gratitud, pues debía achacarse al amor, al amor ardiente; y en virtud de tal, la impresión que le había causado merecía recibirse no como algo desagradable, aunque no podía llegar a definirla con exactitud. Lo respetaba, lo estimaba, le estaba agradecida, sentía un verdadero interés por el bienestar de él; y lo único que le faltaba saber era hasta qué grado quería ella misma que aquel bienestar dependiera de ella, y cuán beneficioso sería para la felicidad de ambos que ella hiciera uso del poder, del que su imaginación le decía que poseía aún, de animarlo a que renovase sus pretensiones. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Semejante cambio en un hombre tan orgulloso no sólo movía a asombro, sino a gratitud, pues no podía menos que atribuirse a un amor ardiente. Por eso en aquel momento estaba segura de que lo respetaba, lo estimaba, le estaba agradecida, sentía un verdadero interés por su felicidad, y sólo le faltaba saber hasta qué punto deseaba que esa felicidad dependiera de ella y si podía contribuir a la dicha de ambos el que emplease el poder, que su imaginación le presentaba aún como suyo, de arrastrarlo a renovar su proposición. [trad. Ana Ma. Rodríguez] (Omite el fragmento que sigue a “amor ardiente” que habla de las sensaciones que eso despertaba en Lizzy, que no le eran desagradables pero que no alcanzaba a definir)

Semejante cambio en un hombre tan orgulloso suscitaba en ella, además de asombro, agradecimiento, pues sólo podía atribuirse al amor, al amor más apasionado; y, como tal, despertaba unas sensaciones en absoluto desagradables que tenía deseos de alentar aunque no pudiera definir. Ella lo respetaba, lo apreciaba, le estaba agradecida y sentía verdadero interés por su bienestar; y sólo necesitaba saber hasta qué punto deseaba que ese bienestar dependiera de ella, y hasta qué punto —a fin de contribuir a la felicidad de ambos— debía utilizar el poder que aún creía poseer para que él volviera a cortejarla. [trad. Marta Salís Canosa]

Un cambio semejante en un hombre tan orgulloso no sólo causaba asombro, sino que suscitaba gratitud… pues sólo al amor, al amor apasionado podía atribuirse aquella transformación; y tal era la impresión en ella que deseaba alentarla, pues de ningún modo le resultaba desagradable, aunque no pudiera definirla exactamente. Lo respetaba, lo apreciaba, le estaba agradecida, sentía un verdadero interés en que fuera feliz, y sólo quería saber hasta qué punto esa felicidad dependía de ella, y hasta qué punto la felicidad de ambos dependería de que ella pudiera conseguir que el señor Darcy renovara sus proposiciones, pues suponía que aún tenía ese poder en sus manos. [trad. José C. Vales]

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Nota: Perdonen la demora, por causas de fuerza mayor durante las 5 semanas había sido imposible actualizar las entradas, aunque la lectura en JAcastellano ha continuado sin interrupciones.

En la semana del 6 al 12 de mayo de 2013, leímos el capítulo 43 de Orgullo y prejuicio, con el que comienza el tercer y último volumen en los que originalmente se publicó la novela.

Como saben, es uno de los capítulos trascendentales, además de uno de los más extensos de toda la novela, pues contiene la visita a Pemberley.

Realmente es muy díficil elegir las principales citas, pues uno puede caer en la tentación de citar todo el capítulo completo, sin faltar un solo punto o una sola coma, pero el objetivo de la lectura ha sido localizar epigramas y, pese a que la atención para este capítulo se enfoca en otros temas, también resulta posible localizar algunas.

Por ejemplo, en el panegírico que hace de su patrón, la Sra. Reynolds comenta:

They who are good-natured when children, are good-natured when they grow up.

Quienes muestran buen natural desde niños lo conservan cuando son mayores. [trad. José de Urríes y Azara]

Quienes de niños tienen buen carácter lo tienen también cuando son mayores. [trad. Amando Lázaro Ros]

Quienes son bondadosos de niños, siguen siéndolo cuando crecen. [trad. José Luis López Muñoz]

Los que son bondadosos de pequeños, siguen siéndolo de mayores. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Los que son buenos de niños son buenos de mayores. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Quienes muestran buen carácter desde niños lo conservan cuando son mayores. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Quienes son bondadosos de niños siguen siéndolo de adultos. [trad. Marta Salís Canosa]

Los que tienen buen carácter cuando son niños, lo tienen también cuando crecen. [trad. José C. Vales]

De por sí, aunque todavía no se haya dado cuenta de ello, Lizzy está dispuesta a convertirse al culto darcyniano, la Sra. Reynolds le resulta tan convincente que a Lizzy no le queda duda del elogio, pues:

What praise is more valuable than the praise of an intelligent servant?

¿Qué elogio más valioso que el de un criado inteligente? [trad. José de Urríes y Azara]

¿Qué elogio más digno de crédito que el que tributa a su amo un servidor inteligente? [trad. Amando Lázaro Ros]

¿Acaso existe alabanza más valiosa que la de un criado inteligente? [trad. José Luis López Muñoz]

¿Qué elogio puede ser más valioso que el de un criado inteligente? [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¿Qué alabanzas pueden ser más valiosas que las que hace un criado inteligente? [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¿Qué elogio más valioso que el de un criado inteligente? [trad. Ana Ma. Rodríguez]

¿Qué alabanza podía ser más valiosa que la de un criado inteligente? [trad. Marta Salís Canosa]

¿Qué elogio puede ser más valioso que aquel que proviene de un criado inteligente? [trad. José C. Vales]

Si las referencias indirectas había logrado despertar la imaginación respecto a la clase de lugar que puede ser Pemberley, ciertamente el ‘verlo’ en directo supera toda expectativa. Se nos da una descripción relativamente detallada de los terrenos en el exterior, de la edificación y del interior de la residencia, pero entre todas ellas, encontramos como citas dignas de mención, la siguientes:

A place for which nature had done more, or where natural beauty had been so little counteracted by an awkward taste.

Jamás… un sitio por el que hubiera hecho más la naturaleza o donde la belleza natural fuera menos contrariada por el mal gusto. [trad. José de Urríes y Azara]

Jamás… un lugar más favorecido por la naturaleza ni en el que la belleza natural hubiese tenido que sufrir menos las violencias del mal gusto humano. [trad. Amando Lázaro Ros]

Nunca un sitio con el que la naturaleza hubiera sido más generosa, o donde la belleza natural estuviera menos contrariada por un gusto inoportuno. [trad. José Luis López Muñoz]

Jamás… un lugar más favorecido por la naturaleza o donde la belleza natural estuviese menos deteriorada por el mal gusto. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Nunca un lugar tan favorecido por la naturaleza, o donde se hubiera estropeado menos la belleza natural por el mal gusto. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Jamás… un lugar tan mimado por la naturaleza o donde la belleza natural fuera menos contrariada por el mal gusto. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Nunca un lugar con el que la naturaleza hubiera sido más generosa, o donde el gusto del hombre hubiera respetado más la belleza natural. [trad. Marta Salís Canosa]

Nunca… un lugar por el que la Naturaleza hubiera hecho más o donde la belleza natural estuviera tan poco contaminada por el mal gusto. [trad. José C. Vales]

(Nota: La traducción de esta cita no funciona de manera aislada, pues se trata de una cláusula subordinada a otra principal, así que el modo que se emplea para traducirla es el subjuntivo y por eso parecen un tanto rara, en inglés no parece haber diferencia entre ambos modos verbales.)

The rooms were lofty and handsome, and their furniture suitable to the fortune of its proprietor; but Elizabeth saw, with admiration of his taste, that it was neither gaudy nor uselessly fine; with less of splendour, and more real elegance, than the furniture of Rosings.

Las piezas… eran altas y bellas, y su mobiliario acorde con la fortuna de su propietario; pero Isabel notó, admirando el gusto de éste, que no había nada charro o nimiamente delicado; que reinaba menos esplendor pero más elegancia que en el moblaje de Rosings. [trad. José de Urríes y Azara]

Todas [las habitaciones] eran amplias y hermosas y el moblaje estaba en consonancia con la fortuna del propietario… sintió admiración por su buen gusto, porque nada era allí ostentoso ni de una delicadeza inútil. Había menos lujo, pero mucha más elegancia que en el moblaje del palacio de Rosings. [trad. Amando Lázaro Ros]

Las habitaciones eran espaciosas y de techos altos, y la riqueza del mobiliario estaba de acuerdo con la fortuna de su propietario; pero Elizabeth advirtió de manera especial, admirando su buen gusto, que no era ni llamativo ni innecesariamente primoroso; que poseían menos esplendor, y más elegancia verdadera, que el mobiliario de Rosings. [trad. José Luis López Muñoz]

Las piezas eran altas y bellas, y su mobiliario estaba en armonía con la fortuna de su propietario. Elizabeth notó, admirando el gusto de éste, que no había nada llamativo ni cursi y que había allí menos pompa pero más elegancia que en Rosings. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Las salas eran altas y hermosas, y sus muebles, adecuados a la fortuna de su propietario; pero Elizabeth apreció, admirando el gusto de éste, que no había un lujo ostentoso ni innecesario, y sí menos esplendor y más elegancia verdadera que en la casa de Rosings. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Las estancias… eran altas y bellas, y su mobiliario en armonía con la fortuna de su propietario; pero Lizzy notó, admirando el gusto de éste, que no había nada muy llamativo ni vanamente lujoso, que reinaba menos esplendor pero más elegancia que en la mansión de Rosings. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Las estancias eran bonitas y de techos elevados, y los muebles armonizaban con la fortuna del propietario; pero Elizabeth admiró su buen gusto, al advertir que no eran llamativos ni vanamente ostentosos; que su suntuosidad era menor, pero su elegancia más auténtica que en Rosings. [trad. Marta Salís Canosa]

Todas las estancias eran hermosas y amplias, y su mobiliario, acorde con la riqueza de su propietario; pero Elizabeth comprobó, con cierta admiración por el gusto del dueño, que no era nada vergonzosamente ridículo o inútilmente elegante; había menos esplendor y más elegancia real que en Rosings. [trad. José C. Vales]

Pemberley, tal como aparece representada en la miniserie de 1995 (Lyme Park).

Ser señora de Pemberley… ¡tenía que ser extraordinario! Lyme Park como Pemberley en la miniserie de 1995. Fotografía personal © Cinthia GS

En conjunto, hacen llegar a la conclusión de que:

To be mistress of Pemberley might be something!

¡… ser señora de Pemberley valía algo! [trad. José de Urríes y Azara]

Lo que significaba ser la señora de Pemberley. [trad. Amando Lázaro Ros]

Ser señora de Pemberley no tenía nada desdeñable. [trad. José Luis López Muñoz]

Lo que podría significar ser la señora de Pemberley. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¡… ser señora de Pemberley podía ser algo! [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¡… ser la dueña de Pemberley era algo muy importante! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Convertirse en la señora de Pemberley no sería ninguna bagatela. [trad. Marta Salís Canosa]

Ser señora de Pemberley… ¡tenía que ser extraordinario! [trad. José C. Vales]

Al igual que en el inicio de la declaración de Darcy, el que los traductores reorganicen la sintaxis de la frase hace que pierda contundencia.

Y por supuesto, Lizzy no puede evitar pensar que:

Of this place I might have been mistress!

¡Y de este sitio habría podido ser dueña! [trad. José de Urríes y Azara]

¡Y yo podría haber sido la señora de todo esto! [trad. Amando Lázaro Ros]

¡Y de este lugar podría ser yo la señora! [trad. José Luis López Muñoz]

¡Y pensar que habría podido ser dueña de todo esto! [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¡Y yo podría haber sido señora de esta casa! [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¡Y de este sitio… habría podido ser dueña! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Y pensar que podría ser ama y señora de este lugar. [trad. Marta Salís Canosa]

¡Y yo podría haber sido la señora de este lugar! [trad. José C. Vales]

Afortunadamente, el pensar que no podría haber recibido a sus tíos, impide arrepentirse de su decisión de haber rechazado la propuesta matrimonial de Darcy.

Durante el recorrido por la galería de pinturas, Lizzy sólo parece interesada en el retrato de Darcy, por lo que:

She stood several minutes before the picture, in earnest contemplation.

Permaneció varios minutos ante semejante pintura, en la más atenta contemplación. [trad. José de Urríes y Azara]

Permaneció delante del retrato algunos minutos contemplándolo con gran atención. [trad. Amando Lázaro Ros]

Permaneció varios minutos delante del cuadro, en atenta contemplación. [trad. José Luis López Muñoz]

Permaneció varios minutos ante el cuadro, en la más atenta contemplación. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Se quedó varios minutos ante el retrato, contemplándolo con seriedad. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Permaneció varios minutos ante la pintura, contemplándola atentamente. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Se quedó unos minutos contemplando con detenimiento el cuadro. [trad. Marta Salís Canosa]

Permaneció varios minutos delante del cuadro, contemplándolo con el más vivo interés. [trad. José C. Vales]

Es en ese momento cuando, aunque aún no esté consciente de ello, que Elizabeth se ha enamorado. De ello nos enteramos porque la voz narradora se mete en la mente de Lizzy y nos da a conocer, mediante el discurso libre indirecto, parte de sus pensamientos:

There was certainly at this moment, in Elizabeth’s mind, a more gentle sensation towards the original than she had ever felt in the height of their acquaintance… As a brother, a landlord, a master, she considered how many people’s happiness were in his guardianship! — How much of pleasure or pain it was in his power to bestow! — How much of good or evil must be done by him!

En el ánimo de Isabel, había, en verdad, en este momento, más inclinación hacia el original de la que había experimentado en el auge de su relación con él… ¡…Ah cuánta gente podía hacer feliz como hermano, como señor y como amo!; ¡cuánto placer y cuánta pena podía proporcionar!; ¡cuánto le era dable hacer en bien o en mal! [trad. José de Urríes y Azara]

En aquel instante Elizabeth sentía hacia el original de aquel retrato una simpatía mucho mayor de la que había despertado en ella en los momentos más culminantes de sus relaciones… Como hermano, como terrateniente, como señor, pensaba Elizabeth que dependía de su vigilancia la felicidad de muchas personas. ¡Cuánto dolor o cuánta alegría podía causar! ¡Cuánto bien o cuánto mal estaba en su mano hacer! [trad. Amando Lázaro Ros]

En aquel instante los sentimientos de Elizabeth hacia el retratado eran más favorables que en ningún otro período de su relación… cuántas personas dependían de la protección de Darcy —como hermano, como terrateniente, como amo— para ser felices. ¡Cuánto placer y cuánto dolor en sus manos! ¡Cuánto bien y cuánto mal posibles! [trad. José Luis López Muñoz]

Elizabeth sentía en aquellos momentos mucha mayor inclinación por el original de la que había sentido en el auge de sus relaciones… ¡Cuánta gente tenía puesta su felicidad en las manos de Darcy en calidad de hermano, de propietario y de señor! ¡Cuánto placer y cuánto dolor podía otorgar! ¡Cuánto mal y cuánto bien podía hacer! [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

En aquel momento, Elizabeth tenía sin duda en la mente una sensación más benigna hacia el original del retrato que la que había sentido nunca en la época de mayor trato con él… la felicidad de cuántas personas tenía en sus manos como hermano, como señor, como amo; cuánto gusto o dolor podía dar o infligir; cuánto bien o mal podía hacer. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

En ese momento, en el ánimo de Lizzy había, en verdad, más inclinación hacia el original de la que había experimentado hasta entonces… ¡… a cuánta gente podía hacer feliz como hermano, como señor y como amo!; ¡cuánto placer y cuánta pena podía proporcionar!; ¡cuánto bien y cuánto mal podía hacer! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

En aquellos instantes, Elizabeth se sentía más cercana al señor Darcy que en cualquier otro momento de su relación… Como hermano, como terrateniente, como amo… ¡Dependía de él la felicidad de tantas personas! ¡Podía causar tanto dolor y procurar tanto placer! ¡Estaba en sus manos hacer tanto bien y tanto mal! [trad. Marta Salís Canosa]

Desde luego, en aquel momento, en la mente de Elizabeth había más interés en el original del que había sentido por él a lo largo de toda su relación… Como hermano, como terrateniente, como señor… Elizabeth pensó en la cantidad de personas cuya felicidad dependía de él. ¡Cuánto placer o dolor podía negar o conceder! ¡Cuánto mal y cuanto bien se ejecutaba en su sola voluntad! [trad. José C. Vales]

Para redondear la impresión tan favorable, llega de manera inesperada el dueño y señor de Pemberley, quien además se comporta como nunca antes se le había visto, afable y deseoso de agradar, con un trato muy cortés con los Gardiner, que parecen ser los únicos parientes de los que Lizzy no tiene porque avergonzarse.

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