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Posts Tagged ‘buen gusto’

Nota: Perdonen la demora, por causas de fuerza mayor durante las 5 semanas había sido imposible actualizar las entradas, aunque la lectura en JAcastellano ha continuado sin interrupciones.

En la semana del 6 al 12 de mayo de 2013, leímos el capítulo 43 de Orgullo y prejuicio, con el que comienza el tercer y último volumen en los que originalmente se publicó la novela.

Como saben, es uno de los capítulos trascendentales, además de uno de los más extensos de toda la novela, pues contiene la visita a Pemberley.

Realmente es muy díficil elegir las principales citas, pues uno puede caer en la tentación de citar todo el capítulo completo, sin faltar un solo punto o una sola coma, pero el objetivo de la lectura ha sido localizar epigramas y, pese a que la atención para este capítulo se enfoca en otros temas, también resulta posible localizar algunas.

Por ejemplo, en el panegírico que hace de su patrón, la Sra. Reynolds comenta:

They who are good-natured when children, are good-natured when they grow up.

Quienes muestran buen natural desde niños lo conservan cuando son mayores. [trad. José de Urríes y Azara]

Quienes de niños tienen buen carácter lo tienen también cuando son mayores. [trad. Amando Lázaro Ros]

Quienes son bondadosos de niños, siguen siéndolo cuando crecen. [trad. José Luis López Muñoz]

Los que son bondadosos de pequeños, siguen siéndolo de mayores. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Los que son buenos de niños son buenos de mayores. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Quienes muestran buen carácter desde niños lo conservan cuando son mayores. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Quienes son bondadosos de niños siguen siéndolo de adultos. [trad. Marta Salís Canosa]

Los que tienen buen carácter cuando son niños, lo tienen también cuando crecen. [trad. José C. Vales]

De por sí, aunque todavía no se haya dado cuenta de ello, Lizzy está dispuesta a convertirse al culto darcyniano, la Sra. Reynolds le resulta tan convincente que a Lizzy no le queda duda del elogio, pues:

What praise is more valuable than the praise of an intelligent servant?

¿Qué elogio más valioso que el de un criado inteligente? [trad. José de Urríes y Azara]

¿Qué elogio más digno de crédito que el que tributa a su amo un servidor inteligente? [trad. Amando Lázaro Ros]

¿Acaso existe alabanza más valiosa que la de un criado inteligente? [trad. José Luis López Muñoz]

¿Qué elogio puede ser más valioso que el de un criado inteligente? [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¿Qué alabanzas pueden ser más valiosas que las que hace un criado inteligente? [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¿Qué elogio más valioso que el de un criado inteligente? [trad. Ana Ma. Rodríguez]

¿Qué alabanza podía ser más valiosa que la de un criado inteligente? [trad. Marta Salís Canosa]

¿Qué elogio puede ser más valioso que aquel que proviene de un criado inteligente? [trad. José C. Vales]

Si las referencias indirectas había logrado despertar la imaginación respecto a la clase de lugar que puede ser Pemberley, ciertamente el ‘verlo’ en directo supera toda expectativa. Se nos da una descripción relativamente detallada de los terrenos en el exterior, de la edificación y del interior de la residencia, pero entre todas ellas, encontramos como citas dignas de mención, la siguientes:

A place for which nature had done more, or where natural beauty had been so little counteracted by an awkward taste.

Jamás… un sitio por el que hubiera hecho más la naturaleza o donde la belleza natural fuera menos contrariada por el mal gusto. [trad. José de Urríes y Azara]

Jamás… un lugar más favorecido por la naturaleza ni en el que la belleza natural hubiese tenido que sufrir menos las violencias del mal gusto humano. [trad. Amando Lázaro Ros]

Nunca un sitio con el que la naturaleza hubiera sido más generosa, o donde la belleza natural estuviera menos contrariada por un gusto inoportuno. [trad. José Luis López Muñoz]

Jamás… un lugar más favorecido por la naturaleza o donde la belleza natural estuviese menos deteriorada por el mal gusto. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Nunca un lugar tan favorecido por la naturaleza, o donde se hubiera estropeado menos la belleza natural por el mal gusto. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Jamás… un lugar tan mimado por la naturaleza o donde la belleza natural fuera menos contrariada por el mal gusto. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Nunca un lugar con el que la naturaleza hubiera sido más generosa, o donde el gusto del hombre hubiera respetado más la belleza natural. [trad. Marta Salís Canosa]

Nunca… un lugar por el que la Naturaleza hubiera hecho más o donde la belleza natural estuviera tan poco contaminada por el mal gusto. [trad. José C. Vales]

(Nota: La traducción de esta cita no funciona de manera aislada, pues se trata de una cláusula subordinada a otra principal, así que el modo que se emplea para traducirla es el subjuntivo y por eso parecen un tanto rara, en inglés no parece haber diferencia entre ambos modos verbales.)

The rooms were lofty and handsome, and their furniture suitable to the fortune of its proprietor; but Elizabeth saw, with admiration of his taste, that it was neither gaudy nor uselessly fine; with less of splendour, and more real elegance, than the furniture of Rosings.

Las piezas… eran altas y bellas, y su mobiliario acorde con la fortuna de su propietario; pero Isabel notó, admirando el gusto de éste, que no había nada charro o nimiamente delicado; que reinaba menos esplendor pero más elegancia que en el moblaje de Rosings. [trad. José de Urríes y Azara]

Todas [las habitaciones] eran amplias y hermosas y el moblaje estaba en consonancia con la fortuna del propietario… sintió admiración por su buen gusto, porque nada era allí ostentoso ni de una delicadeza inútil. Había menos lujo, pero mucha más elegancia que en el moblaje del palacio de Rosings. [trad. Amando Lázaro Ros]

Las habitaciones eran espaciosas y de techos altos, y la riqueza del mobiliario estaba de acuerdo con la fortuna de su propietario; pero Elizabeth advirtió de manera especial, admirando su buen gusto, que no era ni llamativo ni innecesariamente primoroso; que poseían menos esplendor, y más elegancia verdadera, que el mobiliario de Rosings. [trad. José Luis López Muñoz]

Las piezas eran altas y bellas, y su mobiliario estaba en armonía con la fortuna de su propietario. Elizabeth notó, admirando el gusto de éste, que no había nada llamativo ni cursi y que había allí menos pompa pero más elegancia que en Rosings. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Las salas eran altas y hermosas, y sus muebles, adecuados a la fortuna de su propietario; pero Elizabeth apreció, admirando el gusto de éste, que no había un lujo ostentoso ni innecesario, y sí menos esplendor y más elegancia verdadera que en la casa de Rosings. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Las estancias… eran altas y bellas, y su mobiliario en armonía con la fortuna de su propietario; pero Lizzy notó, admirando el gusto de éste, que no había nada muy llamativo ni vanamente lujoso, que reinaba menos esplendor pero más elegancia que en la mansión de Rosings. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Las estancias eran bonitas y de techos elevados, y los muebles armonizaban con la fortuna del propietario; pero Elizabeth admiró su buen gusto, al advertir que no eran llamativos ni vanamente ostentosos; que su suntuosidad era menor, pero su elegancia más auténtica que en Rosings. [trad. Marta Salís Canosa]

Todas las estancias eran hermosas y amplias, y su mobiliario, acorde con la riqueza de su propietario; pero Elizabeth comprobó, con cierta admiración por el gusto del dueño, que no era nada vergonzosamente ridículo o inútilmente elegante; había menos esplendor y más elegancia real que en Rosings. [trad. José C. Vales]

Pemberley, tal como aparece representada en la miniserie de 1995 (Lyme Park).

Ser señora de Pemberley… ¡tenía que ser extraordinario! Lyme Park como Pemberley en la miniserie de 1995. Fotografía personal © Cinthia GS

En conjunto, hacen llegar a la conclusión de que:

To be mistress of Pemberley might be something!

¡… ser señora de Pemberley valía algo! [trad. José de Urríes y Azara]

Lo que significaba ser la señora de Pemberley. [trad. Amando Lázaro Ros]

Ser señora de Pemberley no tenía nada desdeñable. [trad. José Luis López Muñoz]

Lo que podría significar ser la señora de Pemberley. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¡… ser señora de Pemberley podía ser algo! [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¡… ser la dueña de Pemberley era algo muy importante! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Convertirse en la señora de Pemberley no sería ninguna bagatela. [trad. Marta Salís Canosa]

Ser señora de Pemberley… ¡tenía que ser extraordinario! [trad. José C. Vales]

Al igual que en el inicio de la declaración de Darcy, el que los traductores reorganicen la sintaxis de la frase hace que pierda contundencia.

Y por supuesto, Lizzy no puede evitar pensar que:

Of this place I might have been mistress!

¡Y de este sitio habría podido ser dueña! [trad. José de Urríes y Azara]

¡Y yo podría haber sido la señora de todo esto! [trad. Amando Lázaro Ros]

¡Y de este lugar podría ser yo la señora! [trad. José Luis López Muñoz]

¡Y pensar que habría podido ser dueña de todo esto! [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

¡Y yo podría haber sido señora de esta casa! [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

¡Y de este sitio… habría podido ser dueña! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Y pensar que podría ser ama y señora de este lugar. [trad. Marta Salís Canosa]

¡Y yo podría haber sido la señora de este lugar! [trad. José C. Vales]

Afortunadamente, el pensar que no podría haber recibido a sus tíos, impide arrepentirse de su decisión de haber rechazado la propuesta matrimonial de Darcy.

Durante el recorrido por la galería de pinturas, Lizzy sólo parece interesada en el retrato de Darcy, por lo que:

She stood several minutes before the picture, in earnest contemplation.

Permaneció varios minutos ante semejante pintura, en la más atenta contemplación. [trad. José de Urríes y Azara]

Permaneció delante del retrato algunos minutos contemplándolo con gran atención. [trad. Amando Lázaro Ros]

Permaneció varios minutos delante del cuadro, en atenta contemplación. [trad. José Luis López Muñoz]

Permaneció varios minutos ante el cuadro, en la más atenta contemplación. [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

Se quedó varios minutos ante el retrato, contemplándolo con seriedad. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

Permaneció varios minutos ante la pintura, contemplándola atentamente. [trad. Ana Ma. Rodríguez]

Se quedó unos minutos contemplando con detenimiento el cuadro. [trad. Marta Salís Canosa]

Permaneció varios minutos delante del cuadro, contemplándolo con el más vivo interés. [trad. José C. Vales]

Es en ese momento cuando, aunque aún no esté consciente de ello, que Elizabeth se ha enamorado. De ello nos enteramos porque la voz narradora se mete en la mente de Lizzy y nos da a conocer, mediante el discurso libre indirecto, parte de sus pensamientos:

There was certainly at this moment, in Elizabeth’s mind, a more gentle sensation towards the original than she had ever felt in the height of their acquaintance… As a brother, a landlord, a master, she considered how many people’s happiness were in his guardianship! — How much of pleasure or pain it was in his power to bestow! — How much of good or evil must be done by him!

En el ánimo de Isabel, había, en verdad, en este momento, más inclinación hacia el original de la que había experimentado en el auge de su relación con él… ¡…Ah cuánta gente podía hacer feliz como hermano, como señor y como amo!; ¡cuánto placer y cuánta pena podía proporcionar!; ¡cuánto le era dable hacer en bien o en mal! [trad. José de Urríes y Azara]

En aquel instante Elizabeth sentía hacia el original de aquel retrato una simpatía mucho mayor de la que había despertado en ella en los momentos más culminantes de sus relaciones… Como hermano, como terrateniente, como señor, pensaba Elizabeth que dependía de su vigilancia la felicidad de muchas personas. ¡Cuánto dolor o cuánta alegría podía causar! ¡Cuánto bien o cuánto mal estaba en su mano hacer! [trad. Amando Lázaro Ros]

En aquel instante los sentimientos de Elizabeth hacia el retratado eran más favorables que en ningún otro período de su relación… cuántas personas dependían de la protección de Darcy —como hermano, como terrateniente, como amo— para ser felices. ¡Cuánto placer y cuánto dolor en sus manos! ¡Cuánto bien y cuánto mal posibles! [trad. José Luis López Muñoz]

Elizabeth sentía en aquellos momentos mucha mayor inclinación por el original de la que había sentido en el auge de sus relaciones… ¡Cuánta gente tenía puesta su felicidad en las manos de Darcy en calidad de hermano, de propietario y de señor! ¡Cuánto placer y cuánto dolor podía otorgar! ¡Cuánto mal y cuánto bien podía hacer! [trad. Ma. Antonia Ibáñez]

En aquel momento, Elizabeth tenía sin duda en la mente una sensación más benigna hacia el original del retrato que la que había sentido nunca en la época de mayor trato con él… la felicidad de cuántas personas tenía en sus manos como hermano, como señor, como amo; cuánto gusto o dolor podía dar o infligir; cuánto bien o mal podía hacer. [trad. Alejandro Pareja Rodríguez]

En ese momento, en el ánimo de Lizzy había, en verdad, más inclinación hacia el original de la que había experimentado hasta entonces… ¡… a cuánta gente podía hacer feliz como hermano, como señor y como amo!; ¡cuánto placer y cuánta pena podía proporcionar!; ¡cuánto bien y cuánto mal podía hacer! [trad. Ana Ma. Rodríguez]

En aquellos instantes, Elizabeth se sentía más cercana al señor Darcy que en cualquier otro momento de su relación… Como hermano, como terrateniente, como amo… ¡Dependía de él la felicidad de tantas personas! ¡Podía causar tanto dolor y procurar tanto placer! ¡Estaba en sus manos hacer tanto bien y tanto mal! [trad. Marta Salís Canosa]

Desde luego, en aquel momento, en la mente de Elizabeth había más interés en el original del que había sentido por él a lo largo de toda su relación… Como hermano, como terrateniente, como señor… Elizabeth pensó en la cantidad de personas cuya felicidad dependía de él. ¡Cuánto placer o dolor podía negar o conceder! ¡Cuánto mal y cuanto bien se ejecutaba en su sola voluntad! [trad. José C. Vales]

Para redondear la impresión tan favorable, llega de manera inesperada el dueño y señor de Pemberley, quien además se comporta como nunca antes se le había visto, afable y deseoso de agradar, con un trato muy cortés con los Gardiner, que parecen ser los únicos parientes de los que Lizzy no tiene porque avergonzarse.

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